El CAI BM. Aragón se estrena esta noche en la Copa del Rey en el partido de cuartos de final que le medirá al F.C. Barcelona a partir de las 21.00 horas (Teledeporte). Los aragoneses realizaron ayer su última sesión preparatoria con la única ausencia del central Víctor Álvarez, que se lesionó el pasado domingo y será baja en el equipo durante tres meses. Hoy los de Kosovac ultimarán su puesta a punto con una sesión de video.
El conjunto naranja afronta la Copa muy motivado con la intención de mejorar la imagen de los últimos partidos ante su afición tal y como apuntaba el portero Pablo Hernández a la conclusión del entrenamiento. “Es un partido que afrontamos con muchas ganas para poder enmendar lo sucedido en Alemania y poder darle una alegría a la afición”.
Para el guardameta el Barcelona será un rival que no se parecerá en nada al que se le venció en la primera vuelta y que no hará ningún tipo de concesión. “El Barcelona se encuentra en un momento de juego que en nada se parece al que nos visitó en el mes de octubre. Además, es un equipo que también llega herido después de su eliminación de la Champions League y buscará salvar la temporada con esta competición”, señalaba Hernández.
Para el partido de esta noche se espera que asista una gran afluencia de público, también en el primero de los encuentros con un atractivo Portland-Valladolid que dará comienzo a las 19.00 horas.
El Barça ha entrenado esta mañana en el Príncipe Felipe
Iker Romero Fernández, jugador del F.C Barcelona, espera el partido de esta tarde contra el CAI BM. Aragón con mucha ilusión y totalmente concentrado.
Esta mañana todo el equipo se ha reunido en las instalaciones del Pabellón Príncipe Felipe para llevar a cabo un relajado entrenamiento. Tras los estiramientos finales, Iker Romero ha afirmado: “Al equipo le quedan pocas fuerzas pero las sacaremos de donde sea. Especialmente mi compañero Andrei, que todavía es duda para esta tarde”.
El central del Barcelona asegura sentirse muy a gusto en la capital aragonesa, pero, en este caso, reconoce estar algo intranquilo por enfrentarse contra un equipo que juega en casa y tiene todo el apoyo del público.