Los de Pastor lucharon de igual a igual en la primera mitad, pero fueron incapaces de aguantar el ritmo en los segundos treinta minutos y el BM Ciudad Real se llevó la victoria y clasificación para la final (28-34).
Pronto se pudo ver qué tipo de partido nos iban a ofrecer el Valladolid y el Ciudad Real. Los pucelanos, apoyados una afición que llenó Pisuerga, 6.300 personas y los manchegos comenzaban un encuentro con un ritmo vertiginoso donde los ataques predominaban sobre las defensas. Transiciones rápidas y apenas juego estático apenas daban respiro a un equipo y otro.
El choque empezó muy parejo, como se preveía, con varios jugadores de cada lado muy motivamos, Carlos Prieto por el Valladolid y Chema Rodríguez por el Ciudad Real, paradójicamente dos ex de cada conjunto. El primero se movió como ‘pez en el agua’ por los seis metros de la defensa manchega, logrando numerosos goles de bella factura. Además, Raúl Enterríos tomaba la responsabilidad en los momentos más difíciles de los de Pastor. Por otra parte, el central palentino junto con Rutenka hacían mucho daño con sus lanzamientos exteriores.
Tanto como Pastor como Dujshebaev decidieron empezar con defensas 6-0, intentando evitar los espacios entre los jugadores. Sin embargo, el Ciudad Real no lo consiguió, ya que no pudo parar a Prieto en ningún momento, mientras que el Valladolid era incapaz de salir a bloquear los disparos de los manchegos desde los nueve metros. De este modo, los tantos iban y venían de un lado a otro. Los de Talant pronto se adelantaron en el marcador, pero desperdiciaron durante los treinta primeros minutos aumentar la renta a más de cuatro goles. Cada vez que tenían la oportunidad de ponerse con una diferencia de cinco tantos, los de Pastor reducían el marcador a un solo gol. Esta fue la tónica predominante de esta primera mitad.
Gran Lorger
Pero a menos de cinco minutos para el descanso, el Ciudad Real echó todo por la borda con varias exclusiones y con lanzamientos fallados, eso sí, gracias a un excepcional Lorger que consiguió cuatro paradas de verdadero mérito, sobre todo después de salir por un poco acertado Sierra. De este modo y con un parcial de 4-0 a favor de Valladolid, los pucelanos se fueron al vestuario con un gol a favor (17-16).
La segunda mitad poco tuvo que ver con la primera, ya que los de Talant salieron con otra actitud defensiva y con un 5-1 con Davis como avanzado. Ese aumento en la solidez contra el ataque de los de Pastor, pronto tuvo su recompensa y lograron remontar en el luminoso, además, con una renta de tres y cuatro tantos. Pero todo no fuero mérito de la defensa, pues el cambio en la portería de Sterbik por Hombrados fue fundamental, como sucedió antes en el lado pucelano.
El Valladolid perdió frescura
Un Ciudad Real más compacto atrás y con un demoledor ataque subía la diferencia en el marcador a cinco tantos gracias a las facilidades del Valladolid en defensa. Los de Pastor además, perdieron esa frescura en ataque que tan bien le funcionó en los primeros treinta minutos. Desapareció Prieto en los seis metros y Raúl Enterríos no daba tanta fluidez en la circulación de juego. Esto junto con los fallos y las pérdidas de balón fue su tumba contra un equipo que no le puedes conceder nada de margen.
Ya con un margen de seis tantos el conjunto manchego dejaba pasar los minutos sabiendo que la final la tenían muy cerca. El juego rápido y sin respiro de la primera mitad se convirtió en bronco y con numerosas interrupciones por golpes de unos y otros. A poco más de cinco minutos para el término del partido, los de Talant conseguían las rentas de goles más amplias de todo el choque y el Valladolid doblaba las piernas ante un adversario que fue muy superior en la segunda mitad. Este tramo final sirvió para poco, únicamente para que la afición pucelana siguiera animando a su equipo. Así, el Ciudad Real logró la victoria (28-34) y tendrá la oportunidad mañana para lograr revalidar su título y conseguir ampliar un récord, cinco Copas Asobal consecutivas.
J. Dargel - ASOBAL