Rafa García Mosquera: “Yo nací en la cuna del arbitraje gallego”

Copa ASOBAL
26/05/2022 | DDGS Copa ASOBAL

El destino de Rafa García Mosquera estaba escrito incluso antes de nacer. Con un padre árbitro y hermanos con la misma vocación, el colegiado gallego se crió en el hábitat perfecto para formarse como árbitro, ascender a ASOBAL y mantenerse, durante más de dos décadas, en la máxima categoría. Rafa García Mosquera y su compañero Alberto Rodríguez Rodríguez se despedirán del arbitraje con un final soñado, dirigiendo la final de la Copa Sacyr ASOBAL en el Príncipe Felipe de Zaragoza, y cerrando el círculo como lo iniciaron: juntos.

¿Qué sensaciones tienes a las puertas de arbitrar tu último partido con motivo de la Copa Sacyr ASOBAL?

La verdad es que tenemos una de las Copas más interesantes y competitivas de los últimos años y aún no tengo esta sensación de que será el último partido. Tengo la sensación de que es el último trabajo que queda por hacer y que quizá será muy complicado y de mucha responsabilidad. Aún estoy con el chip de la alta competición y no de las despedidas. El otro día ya nos despedimos de la Liga ASOBAL y lo hicimos en un pabellón mítico como O Gatañal. Quiero agradecer a todo el público la ovación que nos dedicó al final del partido. Es algo de agradecer porque no suele ser un público fácil, es muy bonito que te despidan así, fue un detalle precioso de los aficionados. Tuvimos la suerte de arbitrar el último partido de Liga en Galicia.

¿Tienes el freno de mano puesto ante el aluvión de emociones propio de las despedidas?

Exacto. El otro día bromeábamos y decíamos que, si el partido iba fácil, nos abrazaríamos en medio del encuentro. El partido que nos queda es de mucha responsabilidad, aunque cuando acabe el encuentro sí que habrá un bajón emocional cuando disminuyan las pulsaciones. En ese momento sí que pensaré que se cierra una etapa.

En vuestro caso, ¿os despedís por llegar al máximo de edad para arbitrar pero sentís que tendríais cuerda para seguir?

Realmente yo lo dejo porque quiero porque Alberto es el que no puede colegiarse la próxima temporada. A mí me quedaría un año más, pero teníamos muy claro que ésta era la temporada de nuestra despedida. El límite de la edad quizás debería cambiarse. Creo que nosotros estamos en nuestro mejor momento de madurez y así nos lo han hecho saber muchos estamentos. Entonces, si estás física y psicológicamente bien y pasas todas las pruebas, creo que se debería poder prolongar la etapa profesional como árbitro en activo. En mi caso me voy feliz y contento, creo que ha llegado el momento de dejarlo después de tantos años pero sí que ha habido grandes árbitros como Goyo Muro que estaba físicamente estupendo cuando se retiró.

Con tus precedentes familiares, ¿crees que árbitro se nace o se hace?

En mi caso, árbitro se nace. El año que yo nací, mi padre, que es el que fuera árbitro Roberto García Fuentes, ascendió a División de Honor. De hecho, él coincidió con gente como Rodrigo Costas, Alfonso Martínez, Juan de Dios Román…etc. Yo nací, además de en una pista de balonmano, en la cuna del arbitraje gallego. Entonces, en mi caso particular, casi que ya nací árbitro y luego me formé como tal. Además, tengo otros hermanos que también son árbitros de balonmano. Yo empecé jugando a balonmano. Con 17 años estaba en el Santa Cristina de Lavadores, en primera nacional, y era muy guerrero jugando. De hecho, en mi último partido me descalificaron por protestar. Cuando tenía 14 me dijeron que arbitrara porque podría tener una carrera larga y la verdad es que no se equivocaron.

¿Cómo fue tu debut como árbitro?

Debuté un 23 de mayo del 1987, con 14 años. Justo ahora se acaban de cumplir los 35 años desde mi debut y, como curiosidad, mi padre se retiró del arbitraje ese mismo día que yo debutaba. Dos horas antes que él, me estrenaba yo como árbitro en un partido de alevines con mi hermano mayor que también es árbitro.

¿Y el debut en ASOBAL?

Recuerdo perfectamente mi debut en la máxima categoría. El partido fue un Ciudad Real - Barakaldo en la temporada 1998/1999 y lo recuerdo con muchos nervios. Éramos muy jovencitos y era un balonmano diferente. Antes sentía más presión, pero creo que era por la poca experiencia que tenía.

¿Qué huella crees que deja Rafa García Mosquera en el balonmano?

Ojalá se me recuerde como un árbitro honesto que, cuando arbitraba, lo hacía por lo que veía en pista y que intentaba mejorar partido a partido. He trabajado muchísimo viendo todos los partidos para intentar no cometer los mismos errores y para tratar de ser lo más justo posible. Por supuesto que me he equivocado mil millones de veces, pero desde la honestidad y del error humano, nunca desde la mala fe. Quiero que se me recuerde así, aunque sé que tengo una personalidad un poco fuerte.

¿El árbitro debería ser considerado un deportista más?

Por supuesto. Nosotros trabajamos muchísimo. Tanto Alberto como yo entrenamos mucho física y psicológicamente y dedicamos muchas horas al arbitraje. Hoy en día tenemos muchos medios técnicos que nos permiten ver todos los partidos. Además, el balonmano ha cambiado muchísimo, cada vez es más rápido y físico. Yo me considero un deportista más.

¿La labor arbitral está más cuestionada que nunca porque los partidos tienen mayor exposición mediática y por las redes sociales?

Hay que saber valorar las redes sociales en su justa medida. Sin duda son un elemento muy bueno de difusión de nuestro deporte y tiene muchos aspectos positivos, pero la parte de las críticas hay que dejarlas un poco de lado porque no hay mejor crítico que uno mismo. Yo me acuerdo con Alberto de llevar cintas VHS y dárselas al delegado para que grabara los partidos. Hoy en día es muy fácil poder analizar los partidos, dos horas después de terminar ya podemos valorar cómo lo hemos hecho.

¿Cómo gestionas los errores que cometes? ¿Eres capaz de pasar página rápidamente?

La gestión del error es una de las cosas más difíciles de trabajar y que supone muchos años de esfuerzo. Sabemos que nos vamos a equivocar siempre, que no vamos a poder evitarlo, pero debemos procurar dos cosas: equivocarnos lo menos posible y no equivocarnos en el tramo decisivo del partido. Creo que un árbitro debe saber convivir con el error y detectar y estudiar el por qué cometió el error.

¿Cuál ha sido tu mejor y tu peor partido en ASOBAL?

Hay muchos momentos buenos, no podría quedarme sólo con uno, sobre todo los partidos importantes como una final y aquellos donde la exigencia y la gestión de emociones era muy elevada. También recuerdo un partido Atlético Madrid – Barça en Vistalegre, que se batió el récord de espectadores. Aquella Supercopa fue muy especial. El peor partido que he arbitrado nunca fue un Teucro - Portland y quizá fue por falta de experiencia. Recuerdo que el duelo se jugaba un miércoles, nosotros trabajamos todo el día, no descansamos bien y no hicimos cosas que aprendes a hacer con el tiempo. El arbitraje fue nefasto y me ha acompañado todos los años para saber qué es lo que no debo hacer.

¿Tienes clavada alguna espinita?

La internacionalidad. En su día estuvimos nominados pero, por cuestiones diversas, no pudimos llegar. Pero no echo nada en falta. Creo que ha sido una carrera arbitral muy larga y bonita, que mucha gente del balonmano nos ha respetado y somos unos privilegiados de haber podido arbitrar en ASOBAL durante tantos años.

¿Qué relación tienes con tu compañero, Alberto Rodríguez, tras tantos años arbitrando juntos?

Yo cambiaría lo de compañero por mi hermano. Lo conocí con 18 años, tenemos casi 50 y hemos tenido una relación como de familia. En mi familia somos 8 hermanos y considero a Alberto como el noveno. Y, de hecho, todo mi familia lo trata como uno más. No hace falta que esté yo por casa para que Alberto vaya a ver a mi madre o viceversa. Pertenecemos a la misma familia. Esta relación de hermanos es, sin ninguna duda, una de las mejores cosas que me ha dado el balonmano. Ascendimos a ASOBAL juntos en el 98, perdimos la categoría en 2004 y luego yo arbitré con Jordi Martorell, Enrique Ríos y Goyo Muro, hasta que se retiró, y los últimos cuatro años con Alberto de nuevo. Empecé con Alberto y acabo con Alberto.

¿Podías imaginar un mejor final de etapa que despidiéndote del arbitraje junto a Alberto?

Por supuesto que no. En la labor de arbitral es clave la compenetración. Hoy en día se arbitra con pinganillo pero esto no existía antes, sólo las miradas y los gestos. Fíjate como es el cerebro humano que nosotros estuvimos ocho años sin pitar juntos y, cuando volvimos a arbitrar en pareja, en cinco minutos de partido nuestro cerebro es como si hubiera vuelto a nuestro último encuentro juntos. Y funcionamos exactamente igual que entonces. Era super curioso. En el descanso comentamos que parecía que no habíamos dejado de arbitrar juntos durante tantos años.

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado y que te ha servido mucho en tu carrera como árbitro?

El mejor consejo que me han dado y daría yo a las nuevas generaciones de árbitros es que trabajen, sean humildes y escuchen. Creo que tenemos que interactuar más entre árbitros, jugadores y entrenadores. Nosotros tenemos el privilegio de hacer cumplir las reglas de juego, pero no somos los dueños de ellas. A veces los árbitros nos equivocamos y debemos tener los pies en el suelo, trabajar y disfrutar mucho, pero sobre todo escuchar. Nosotros nos equivocamos, no estamos en posesión de la verdad absoluta y debemos escuchar a los que saben para seguir aprendiendo cada día. Se necesita mucho trabajo, sólo con el talento no llegas a nada. Nosotros, con el talento, quizás hubiéramos llegar a ASOBAL pero para mantenernos durante tantos años teníamos que trabajar mucho y, sobre todo, amar lo que hacemos. Y en esto nos pueden empatar pero no nos van a ganar.