Repescado a última hora tras su descenso, el Teka Cantabria asume la temporada como oportunidad última para asentarse de nuevo en la élite defendiendo con uñas y dientes su historia. Ese es el reto y en ello se afanan directivos y técnicos rehaciendo a última hora una plantilla que se rompía ante la debacle. Lentamente, pero con orden, acumulan nuevos efectivos en un intento de equilibrar posiciones, conductas y rendimiento.
Desde el novel entrenador, Juan Domínguez, buen conocedor del ambiente cántabro por su historial como jugador en el club, hasta las recientes incorporaciones, un total de ocho nuevos jugadores caminan en la difícil y compleja tarea de cohesionar con urgencia el entramado para dignificar pronto su juego. Caminan con dos puntos en sus alforjas intentando la mejora diaria que le otorguen crédito a la espera de su momento en la Liga.
La mezcla de estilos en la plantilla intenta organizarla en la pista, ya veterano de la casa, el central tunecino Ben Amor, talento fustigado en su hombro, creativo y eficaz en sus deberes; el zurdo Brajkovic en su cuarta temporada aporta solidez con su zurda irregular y, en la zona izquierda las esperanzas se apoyan en el recién incorporado Blecic. La experiencia se ubica en los extremos; en el izquierdo se mantiene el fiel capitán, Reñones; ocupando la zona derecha el alemán Bauer ya adaptado a la liga española desde hace años en tierras levantinas. Se completa el dibujo con los pivotes Tore, noruego, el cántabro y fuerte Lamadrid junto a Smiljanic y Doros para tareas defensivas.
Si concentran actitudes alrededor de la defensa y protegen al internacional griego Kaffatos, buen portero, el equipo cántabro puede ir poco a poco creciendo para no desaprovechar la ocasión que se le ha presentado de mantener su historia.