Lo último que necesitaba el Arrate era encajar una decepcionante derrota ante un colista Keymare, que hasta la fecha había contado todos sus seis enfrentamientos por derrotas. Tan chocante es la derrota como el bajo índice de goles marcados (18-17).
Es difícil encontrar una justificación a este nuevo varapalo. El Arrate no fue en ningún momento fue capaz de coger las riendas. Como bien se desprende del marcador final su mayor problema reside en la inoperancia ofensiva, un defecto que arrastra ya desde el principio de la campaña y que desde el propio club se lleva insistiendo en que es primordial corregir. Sin embargo, en el pabellón Rafael Florido llegó a su máxima expresión. El propio vicepresidente Alberto Barruetabeña, apesadumbrado al término de la contienda, reconoció que «es el peor partido que he visto nunca del Arrate en ataque».
El equipo está obligado a dar la vuelta por completo a esta situación que se ha visto seriamente empeorada. Esta vez tampoco tuvo la suficiente claridad de ideas para superar a un bloque al que se le considera firme candidato al descenso.
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