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Ivan Nikčević: “Hay que creer en la Liga ASOBAL porque te da más de lo que la gente se piensa”

Liga Plenitude ASOBAL
18/04/2022 | Xavier Solanas Liga Plenitude ASOBAL

El gen competitivo de los balcánicos ha propiciado que Ivan Nikčević se haya planteado, en más de una ocasión, su retirada y siga encontrando motivos para renovar su ilusión y mantenerse en activo. El extremo montenegrino e internacional con Serbia, ejerce de consejero entre los más jóvenes del vestuario de BM. Benidorm. El trabajo, la motivación y el aprendizaje constante son tres de los valores innegociables tanto en la vida personal como en la trayectoria deportiva de Nikčević. Vivió la etapa dorada de ASOBAL y volvió a España para seguir aportando su granito de arena al club alicantino con una humildad impropia de su condición de leyenda de nuestro deporte.

¿Cuándo se inicia tu idilio con el balonmano?

La primera vez que toqué un balón de balonmano fue cuando tenía 12 años en la clase de educación física. Empezamos a jugar y me gustó mucho, pero mi deporte de toda la vida era el fútbol. Esto cambió cuando mis padres se mudaron, nos cambiamos de piso y fui a vivir a un lugar donde toda la gente jugaba a balonmano. Para conocerlos, empecé a jugar al balonmano con ellos. En aquel momento me enamoré del balonmano. Del contacto, de la energía, la rapidez y la diversión que me transmitían este deporte.

Fichas por el Estrella Roja con sólo 17 años, ¿es entonces cuando ves que te puedes dedicar al balonmano de forma profesional?

Tomé la decisión de ir a jugar a Estrella Roja y ahí, con los compañeros de vestuario que tenía y con la oportunidad que me dieron para jugar con el primer equipo, vi que el balonmano podía ser mi profesión. Mi día a día pasó a tener muchos entrenamientos y empecé a ver que todo iba muy en serio mientras yo seguía estudiando en la universidad. Cuando acabé la universidad tenía que tomar una decisión. Ser profesional y estudiar era muy complicado porque no había internet, tenías que estar presente todo el día en la universidad. Empecé a jugar con la selección y mi vida se convirtió en 24 horas de balonmano.

Después de varios años en el Estrella Roja, ¿por qué decides venir a España?

En la selección junior de Serbia teníamos un equipo muy bueno y teníamos muchas ofertas para ir a jugar a varios clubes europeos. Yo lo tenía muy claro. No quería ir por ir sino para marcar la diferencia. Me gustaba la liga española y la francesa. Hasta que no tuviera una oferta en la que confiaran en mí, me iba a quedar en el Estrella Roja, es el equipo más grande de la zona de los Balcanes. Te sientes protegido y es un orgullo estar ahí. Desde el principio apostaron por los jóvenes y nos dieron muchos minutos para crecer. Después de siete años, cuando tenía 24, me llamó un gran amigo mío y ex compañero de Estrella Roja que jugaba en España, Ratko Nikolic, y me dijo que en Altea me querían, que era un sitio muy bueno para crecer como jugador y que estaría muy cómodo. Yo dije que sí que quería. Si iba a tener la oportunidad de jugar en ASOBAL con un rol importante, no tenía dudas.

¿Cómo fue tu adaptación al Altea y a la Liga ASOBAL?

Tenía sólo 17 años cuando me fui de casa pero sabía que no tendría problemas para adaptarme, especialmente porque un amigo mío como Nikolic me iba a ayudar. Sabía que para ganarme la vida me tenía que esforzar y salir de la zona de confort. Yo con 17 ya salí de la zona de confort porque me marché de casa de mis padres. Además tuve la suerte de coincidir en Altea con Javier Cabanas, un entrenador que fue un gran jugador, que es muy buena persona y que me dio toda la confianza del mundo. En aquel momento no era consciente de la suerte que tenía de estar en el Altea pero, ahora, con el paso de los años, me doy cuenta de lo afortunado que fui por ser entrenado por Cabanas y formar parte de aquel equipo. Hoy en día, sigo teniendo contacto con mucha gente de Altea. Me aceptaron muy bien desde que llegué al equipo. Yo luego no volví a España para jugar a balonmano. Volví para volver a vivir aquí, en BM. Benidorm se enteraron y me preguntaron si quería seguir jugando. 

¿Por qué los jugadores balcánicos os adaptáis tan rápido a la Liga ASOBAL y a España?

Yo digo muchas veces en broma que los españoles son como los balcánicos pero sin problemas. La manera de tomarse la vida en España es totalmente distinta. La gente es feliz, no tiene problemas, le gusta vivir la vida y salir. Cuando llegué a España no me lo podía creer, la gente siempre está contenta, nunca te agobia con sus problemas. Los españoles me transmitieron muy rápido su alegría e hicieron muy fácil mi adaptación. Por eso, desde el principio, me sentía muy cómodo y muy bien. Los balcánicos, con todos los problemas que tenemos, nos tomamos el deporte como una profesión muy seria. Yo he sobrevivido a dos guerras y me tomo los problemas de otra manera. Lo que suceda toca afrontarlo, lucharlo y superarlo.  Los balcánicos nos tenemos que agarrar a lo que tenemos y dar el máximo para poder ganarnos la vida y ayudar a nuestra familia. Hay que esforzarse todos los días. A mí me da igual si juego contra el Barça u otro equipo. Mi principal función es darlo todo contra quien sea. Estoy aquí para seguir trabajando, dar el máximo e intentar ganar. Ahora veo que la rápida adaptación viene de ahí, que me daba igual lo que venía, iba a muerte a por todo. Yo estaba ahí para ganar.

¿Cómo eras cuando llegaste a ASOBAL en 2005 y cómo evolucionaste hasta que te fuiste en 2012?

Nosotros crecemos y aprendemos con la figura de un padre que no cuestionas y que te dice lo que tienes que hacer. En el deporte, sigues las instrucciones que te da el entrenador y aprendes a ser lo más disciplinado posible. Yo sabía que tenía que trabajar más de lo que me decían porque quería ser bueno. Cuando llegué a España, el entrenador me preguntó por mi opinión y lo primero que pensé es si era una trampa. No me lo podía creer. Recuerdo que, en mi primer viaje con BM. Altea, me llamó un amigo mío, Dimitri Pejanovic, para quedar después de cenar con el equipo. Entonces yo fui al entrenador para pedirle permiso y Cabanas se sorprendió de que yo le hiciera esta pregunta. Vi que en España puedes opinar y puedes crecer mucho como jugador y como persona.  

¿Qué huella te ha dejado tu paso por ASOBAL?

La verdad es que he tenido mucha suerte de estar en los clubes que he estado con todos los entrenadores y compañeros. Cada uno de ellos me ha permitido crecer como persona y como jugador. Además, en mi primera etapa en España, ASOBAL era la mejor liga del mundo así que era un auténtico placer estar en la liga más competitiva y difícil para jugar. Todos querían jugar aquí. Yo estoy muy orgulloso de haber tenido oportunidades para jugar en ASOBAL y ofertas para quedarme año tras año. Una cosa es que aparezcas, juegues y te vayas y otra es que quieran que te quedes. Yo siempre tuve la oportunidad para quedarme así que imagino que hice las cosas bien. Tengo la tranquilidad de saber que lo di todo en cada equipo en el que estuve.

¿Cuando eras pequeño seguías la Liga ASOBAL?

No era posible. Estamos hablando del año 98 o 99 así que no había internet ni redes sociales… Si conseguías una cinta VHS con un partido de hace dos años, lo mirabas unas 100 veces. Nosotros sólo podíamos ver balonmano nacional que daban por nuestra televisión. Cuando fiché por Altea no conocía a Javier Cabanas y era el mejor extremo derecho del mundo. Había muchos jugadores míticos que no conocías porque no podías verlos.

¿Qué incentivos tiene la actual Liga ASOBAL para venir a jugar aquí?

A la Liga ASOBAL se le da mucho menos valor del que tiene realmente. Los jugadores que tienen la gran oportunidad de jugar en ASOBAL no entienden que tienen una suerte increíble. Hoy en día, los jugadores jóvenes que están jugando aquí tienen protagonismo. Hace 10 años era imposible ser joven y competir al más alto nivel. Hay muchos jugadores de esas edades que, en otros países, no tienen esa suerte y esa posibilidad. Sólo tienes que mirar cuántos jugadores con 18-19 años están jugando al máximo nivel en Francia o Alemania. En la selección absoluta española, por ejemplo, cada año se retira un jugador importante y siempre hay un jugador joven que consigue dar un alto rendimiento. Y esto pasa porque se trabaja muy bien, primero en la base y luego en ASOBAL. En la Liga española, los jugadores son muy competitivos. En cada club, 2-3 jugadores jóvenes son los líderes de su equipo. Hay que transmitir los valores a los jóvenes, enseñarles a saber competir y a saber perder para recuperarse rápido de las derrotas. Todo eso te lo enseña ASOBAL. Ya sé que se puede ganar más o vivir mejor, pero hay que esforzarse y dedicarse más al crecimiento propio. El primer reto es separar a los jóvenes de las pantallas y que valoren lo que tienen. Deben esforzarse más para mejorar. Hay que creer en la Liga ASOBAL porque te da más de lo que la gente se piensa. Todos los equipos grandes están pescando en ASOBAL y otros chavales tendrán su oportunidad para crecer y para brillar. Yo creo que es mejor quedarse en un equipo donde sabes que vas a progresar y crecer que irte a un club donde no vas a tener un papel tan importante. Hay que pensar más en el largo que en el corto plazo.

¿Qué consejo les darías a los jugadores jóvenes que militan en clubes de ASOBAL?

Ahora los jóvenes tienen el mundo en sus manos con las redes sociales. Les diría que se centren más en ellos mismos y trabajen a diario, que fortalezcan sus valores, que intenten trabajar en cosas que no dominan tanto y esperar su oportunidad para tener un rol importante. Siempre te van a ofrecer un poco más de dinero, eso es lo fácil. La gente sabe lo que tienes y por eso te ofrecen un poco más. Pero los jóvenes deben valorarse, saber dónde quieren estar y trabajar duro para que los clubes les valoren y puedan quedarse ahí.

¿Crees que los jóvenes están quemando etapas muy rápido?

Sin duda. A mis “niños” del club les digo que acaban de llegar a la universidad sin aprender a leer o a escribir bien. Eso es así. Ellos están jugando en la élite y todavía no han aprendido las cosas básicas porque se han saltado etapas. Por esta razón tienen que estar más atentos, preguntar y escuchar más porque han perdido una etapa muy importante. Los jóvenes saben que tienen calidad y que por eso están jugando pero tienen que esforzarse más para lograr todo lo que les falta. Para los jóvenes no hay entrenamientos en los que puedan relajarse o despistarse. No hay días libres. Para ellos, los entrenamientos son cinco días de trabajo muy duro y, si tienen suerte, disfrutarán un día de partido. Y cuando finalmente juegan, los jóvenes no tienen que estar asustados ni tener dudas. Si han trabajado bien en los entrenamientos, van a disfrutar del partido.

Después de tantos partidos y tantas temporadas en tu trayectoria como jugador, ¿te queda cuerda para rato o vislumbras la retirada?  

La verdad es que después de la etapa en Polonia, en 2016, hablé con mi mujer para empezar una vida tranquila. Entonces me llamó el Sporting para ir un año, me sentí bien y seguí. Ahora tengo que ver año a año cómo me encuentro y si tengo algo que aportar al equipo. Ahora estoy valorando otra vez si me quedo un año más, si tengo nivel por supuesto me gustaría quedarme y aportar pero el equipo está por delante de mis necesidades.

¿El siguiente reto, cuando te retires de las pistas, sería pasar a los banquillos?

En mi etapa en Granollers fue cuando me enganché, por primera vez, a la profesión de entrenador de balonmano. Y todo por Manolo Cadenas. Allí entrené de una manera que nunca había entrenado. No me podía creer que se podía entrenar así, con las cosas que hacía Manolo. Entonces me enganché, vi que podía crecer aún más como jugador. Después de Granollers me fui a Valladolid con Pastor y me enseñó otra perspectiva para aprender el juego y los detalles que marcan la diferencia. Gracias a Cadenas y a Pastor se empezó a despertar en mí la ambición de crecer más como jugador y como entrenador. En 2014 me apunté al curso de entrenadores de la selección española y empecé a formarme como entrenador.

Si tuviéramos que imaginar a un Ivan Nikčević como entrenador, ¿sería una mezcla entre Cadenas y Pastor?

La verdad es que no lo sé porque, hoy en día, aún pienso como jugador y empiezo a valorar otras cosas como entrenador. Pero ahora mismo soy jugador y tengo que seguir trabajando y cumpliendo mi papel. En un futuro no sé qué pasará. Igual mañana mi familia tiene otras necesidades y tengo que enfocar mi futuro en otro ámbito. Yo me estoy formando para ser entrenador y, algún día, tener la oportunidad de ejercer de técnico trabajando bien y a mi manera.

Centrándonos en la gran temporada de BM. Benidorm en la Liga Sacyr ASOBAL, ¿es un objetivo realista que podáis formar parte de la EHF European League la próxima campaña?

No voy a mentir, sabemos que la gente habla de ello, tanto los medios de comunicación como los aficionados, nosotros también lo comentamos en el equipo, pero no estamos obsesionados ni tenemos una presión por estar en Europa. El año pasado el equipo pudo dar mucho más, nos quedamos con ese mal sabor de boca. En las jornadas de Liga que quedan, nosotros vamos a salir a darlo todo. Vemos que cada vez hay más aficionados en la grada y esto es muy importante para el club y sobre todo para los jóvenes del equipo porque notan que no están solos. Saben que la gente en la grada les apoya y estarán tanto en las buenas como en las malas.

¿El billete europeo era un objetivo a principios de temporada o se ha convertido en objetivo con el rendimiento del equipo?

El año pasado nos dolió mucho la manera en la que nos quedamos fuera de Europa. La gente tenía muchas ganas de competir. En el vestuario siempre comentamos que sería bueno poder jugar competición europea pero nunca hemos dicho que sea un objetivo que se tiene que cumplir sí o sí. Sería genial estar en Europa la temporada que viene pero tenemos que luchar, debemos trabajárnoslo día a día.

A falta de siete finales y con un calendario exigente en la Liga Sacyr ASOBAL, ¿puede BM. Benidorm conservar su posición europea?

La verdad es que no lo sé. Por la forma en la que estamos entrenando y jugando, te diría que sí. No sabemos cómo estaremos cuando volvamos del parón. Nos faltan siete partidos en dos meses y esto es muy largo, nosotros pensamos partido a partido, vamos a disfrutar y nos da igual el nombre del rival. Tampoco sabemos cómo van a estar el resto de equipos tras el parón. Nos vamos a centrar en nosotros, en trabajar duro y en salir a hacerlo lo mejor posible. Si esto será suficiente o no, ya lo veremos, pero sabemos que daremos nuestro máximo.  

¿Qué ha supuesto para ti poder representar durante tantos años a Serbia en las grandes citas internacionales?

Siempre ha sido un orgullo enorme. Para mí ha sido un honor, un privilegio y una gran responsabilidad. Intentaba siempre hacerlo lo mejor posible para ayudar a mis compañeros y que a la selección le fuera bien. Formé parte de un gran equipo de personas, pero no conseguimos lograr todo lo que nos hubiera gustado. Tuvimos la suerte de conseguir una medalla de plata en el Campeonato de Europa disputado en casa en 2012. Me siento orgulloso, pero sé que aquel grupo de jugadores podría haber conseguido algo más.

Cuando Montenegro se independizó en 2006, ¿se te planteó la posibilidad de jugar a nivel internacional con la selección montenegrina?

Me duele, pero no me dieron esta opción en aquel momento para jugar. Estuve un año sin jugar con Serbia porque no quería y no era un momento fácil para mí. Montenegro no me llamó para jugar así que, más tarde, acepté volver de nuevo con Serbia a nivel internacional. Al final, tengo un fuerte vínculo con Serbia porque me fui a vivir allí con 17 años, mi mujer es de allí, tengo familia, amigos y gente a la que aprecio que es de allí con la que he crecido durante mucho tiempo. No puedo separar Serbia y Montenegro. Obviamente me hubiera gustado jugar con Montenegro porque es el país en el que nací y donde vivieron mis padres. Pero no tengo ninguna espina clavada porque en aquel momento no me dieron ninguna opción. Fui yo quien aceptó la oferta de Serbia, fue la decisión que tomé.

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